Antes de mover un tabique o pedir un render, conviene saber qué se entrega, en qué orden y qué decisiones quedan de tu lado. Estos son los puntos que más pesan en una remodelación de oficina en Buenos Aires o Rosario, y que en Karunya Designs revisamos desde la primera visita.
Levantamos plantas, instalaciones existentes y puntos conflictivos: desniveles, cielorrasos bajos, tableros eléctricos saturados. Sin ese plano base, cualquier layout es una suposición. El resultado es un diagnóstico con planos acotados que podés usar incluso si después decidís no avanzar.
No entregamos una única solución cerrada. Comparamos esquemas de planta, circulación y ubicación de puestos para que elijas con criterio: cuál prioriza salas de reunión, cuál gana metros de trabajo, cuál deja lugar a crecimiento. Cada alternativa llega con plantas y vistas volumétricas simples.
Planillas de terminaciones, detalles constructivos, especificación de luminarias y acústica, y un cómputo ordenado por rubro. Sirve para pedir presupuestos comparables a distintos contratistas sin depender de una sola cotización. Es la etapa donde se evitan la mayoría de los desvíos de obra.
Acompañamos la ejecución con visitas semanales o quincenales según el tamaño del local, actas de avance y control de muestras. Coordinamos gremios, revisamos terminaciones y dejamos registro fotográfico. El objetivo es que el resultado en obra coincida con lo que aprobaste en plano.
Cuando la oficina sigue operando, sectorizamos la intervención y definimos horarios para tareas ruidosas. Se protege mobiliario, se aísla polvo y se entrega por fases utilizables. Así el equipo vuelve a un sector terminado mientras el resto continúa en obra.
Cerramos con planos conforme a obra, fichas técnicas de materiales y una lista de puntos a monitorear durante los primeros meses: acústica real, comportamiento de la iluminación, uso de las salas. Es información útil para futuras ampliaciones o para el mantenimiento del local.
Cada oficina que remodelamos en Buenos Aires o Rosario pasa por las mismas instancias, aunque el calendario cambie según la superficie y si el local sigue en uso. Esto es lo que ocurre entre la primera visita y la entrega de llaves.
Recorremos el espacio con planos municipales en mano, medimos superficies útiles y registramos orientación, aberturas y estado de instalaciones. En oficinas en uso coordinamos la visita fuera del horario pico para no interrumpir reuniones. De acá sale un informe con limitaciones reales: altura de cielorraso, capacidad eléctrica disponible y sectores donde no se puede intervenir.
Definimos zonificación, cantidad de puestos, salas cerradas y áreas de foco. Presentamos dos alternativas de layout con renders 3D y una paleta de materiales acorde al tono arena, gris cemento y blanco roto que trabajamos habitualmente. En esta etapa se eligen cielorrasos acústicos, tipo de luminaria y mobiliario. Si el cliente ya tiene mobiliario propio, lo relevamos para integrarlo al proyecto.
Traducimos el anteproyecto a planos de instalación, detalles constructivos y cómputo de materiales. Se ajustan puntos de luz, tomas, datos y climatización con los gremios que van a ejecutar. Este paso evita la mayoría de los desvíos de cronograma: cada interferencia entre electricidad, acústica y mobiliario queda resuelta antes de empezar la obra.
Cuando el local sigue operativo, sectorizamos la intervención y concentramos las tareas ruidosas en franjas horarias acordadas. Las demoliciones y el movimiento de materiales se planifican por etapas para que el equipo del cliente pueda seguir trabajando. Publicamos avances semanales con fotos y un tablero simple de tareas pendientes.
Las últimas dos semanas se dedican a terminaciones, limpieza fina y verificación de instalaciones. Entregamos un dossier con planos conforme a obra, fichas técnicas de luminarias y recomendaciones de mantenimiento. Los ajustes posteriores a la mudanza se resuelven dentro de los treinta días siguientes a la entrega.